miércoles, 27 de julio de 2016

PILOTO 4

         Nada pasaba por su mente mientras conducía hacia su nuevo destino,  tan sólo conducía. El paisaje a su alrededor iba cambiando denotando que cada vez estaba más cercano al final de su viaje: las grandes llanuras dejaban paso a hectáreas repletas de olivos. Era un paisaje curioso ya que filas de árboles perfectamente alineadas se extendían a ambos lados de la carretera. Cada finca tenía las hileras colocadas con una orientación distinta al resto, lo que proporcionaba al campo un aspecto original, como si un gran mantel de cuadros la cubriese hasta donde llegaba la vista, porque los olivos llegaban hasta el horizonte. A David le recordó a las rayas horizontales que los jardineros de primera trazan en el césped de los terrenos de juego, en los campos en que vivió tiempos mejores.  La carretera se iba estrechando, y en la lejanía pudo apreciar como algunas montañas  más altas empezaban a aparecer recortadas sobre un atardecer naranja que presagiaba el fin de su último día libre.



-Es un pueblo precioso –le había dicho Torres- está a los pies de la Sierra de Cazorla, en el valle del Guadalquivir. La mayoría de la gente vive del campo (sobre todo de la aceituna) pero también el turismo es importante. En el centro del pueblo se junta el Guadalquivir con un pequeño afluente, por lo que para ir a cualquier lado tienes que cruzar algún puente. Hay una playa artificial que atrae mucha gente, sobre todo los fines de semana del verano. Están llenos todos los bares, y créeme, hay muchos.



Habían pasado dos meses desde que su agente le comunicó que le dejaba. Torres los había aprovechado perfectamente, y le contó como todas las operaciones que tenía a medias habían llegado a buen puerto. Cuando el apoderado viajo al pueblo a cerrar el trato tres días antes, se encargo de llevar todos los efectos personales de David. Él había desperdiciado los dos meses durmiendo y bebiendo hasta volver a quedarse dormido. Llevaba una semana trotando un rato cada día a un ritmo cansino, pero su estado de forma distaba mucho de ser el idóneo para comenzar una pretemporada. Sin embargo, su moto le conducía hacia el Sur con paso firme.



La carretera comenzó a estrecharse.


“Mogón 23 km”


-Ya queda menos.-se dijo a si mismo- Este año el cabrón de Torres me ha mandado al culo del mundo- Aunque juguemos en regional los desplazamientos van a ser largos, esto está lejos de todas partes.



Poco después la carretera comenzaba a descender, y al fondo, unas diminutas luces rompían la oscuridad de lo que ya era una noche cerrada. De la nada, comenzaron a surgir fuegos de artificio iluminando el cielo.


-Parece que están en fiestas, por lo menos estaré entretenido durante unos días.





Marta miraba los fuegos artificiales desde la puerta del bar. Ese era uno de los momentos sagrados en la vida de los habitantes de Mogón: todo el mundo abandonaba los chiringuitos de la feria y se dirigía hacia el campo de fútbol para presenciar el lanzamiento de cohetes que daba inicio a las fiestas. La verdad es que resultaba curioso observar una pequeña multitud peregrinando hacia las afueras. Una vez allí, todos miraban al cielo con la boca abierta y acompañaban cada estallido con una exclamación de sorpresa.






Ella no podía abandonar el negocio familiar, pero desde la puerta del bar, observaba el centelleo de las palmeras que rasgaban la oscuridad del cielo. Le gustaban las fiestas, la verdad es que los cinco días que solían durar rompían con la rutina de la vida del pueblo, aunque para ella significaba mucho más trabajo. Los bares estaban llenos de diez de la mañana a cuatro de la madrugada de forma ininterrumpida, y después de eso, ella solía salir a bailar un rato. “Ya descansaré cuando acaben las fiestas”, solía decir a quien le preguntaba cuantas horas al día dormía. Llevaba en el pueblo tres años después de pasar cinco estudiando en la capital para terminar la carrera. Después de acabar periodismo no consiguió ningún trabajo que le permitiera seguir viviendo allí, así que tuvo que acabar por hacerse cargo del bar, algo que, aunque al principio no le convenció, ahora le resultaba bastante agradable.




Había lavado la cara del local, lo había modernizado y había conseguido conservar la antigua clientela a la vez que atraía a la mayoría de juventud del pueblo. Muchos de ellos por amistad, otros atraídos por su belleza y otros simplemente porque les gustaba el nuevo ambiente habían ido acudiendo al bar cada vez con más asiduidad. El hecho de haberlo convertido en local social del equipo del pueblo también había sido importante, tanto para ella, como para el club que presidía su padre.



Los últimos cohetes iluminaban un rostro pecoso y sonriente, enmarcado por largos bucles rojizos y en que llamaban la atención unos enormes ojos verdes.



Las fiestas acababan de comenzar.



domingo, 24 de julio de 2016

PILOTO 3

La temporada había sido larga y complicada, pero dos semanas después de conseguir el ansiado ascenso, en el club ya se comenzaba a trabajar con la plantilla de la temporada siguiente. Todo tenía que quedar cerrado en quince días, porque querían desconectar tres semanas antes de comenzar la pretemporada a principios de Agosto. Santi, el Pelijas, seguiría siendo el entrenador. Apenas tenía experiencia en los banquillos, pero el respeto que le profesaban sus jugadores y el cariño de la afición, habrían sido suficiente razón para asegurarle la continuidad. Los buenos resultados habían terminado de convencer a una directiva que tenía una gran confianza depositada en su cuerpo técnico. A sus 39 años, hacía tan solo 2 que había colgado las botas en el Mogón F.C., equipo que ahora dirigía desde el banquillo.



-Las renovaciones y las bajas ya están claras. Seguimos con catorce jugadores de la temporada pasada. Hay que cerrar 4 o 5 fichajes y completar hasta los 22 con jugadores procedentes de nuestro juvenil.



Se encontraban en el despacho que el club tenía en el campo municipal de fútbol. El sol de medio día entraba por dos ventanales iluminando las vitrinas en las que algunos trofeos (no muchos, los éxitos del club eran pocos pero recientes) reflejaban la luz multiplicando y descomponiendo en un curioso arco iris los rayos del astro rey. No había más mobiliario que un escritorio con un ordenador, un pequeño archivador y una mesa redonda con cinco sillas. Presidiendo la sala, una bandera de Andalucía con el escudo del club, y la foto de campeones del año anterior. Tan sólo tres de las sillas estaban ocupadas, y sobre la mesa, un listado con nombres de jugadores. Paco, el coordinador del fútbol base, y el Colorao, ayudante de Pelijas, escuchaban las explicaciones del mister antes de opinar.



-¿Qué puestos tenemos que reforzar?-preguntó Paco- Los juveniles que suben este año no son ninguna maravilla. El año que viene si sube una buena camada, pero los de este año solamente te van servir de relleno.



Paco hablaba con conocimiento de causa. Era un buen conocedor de la cantera del pueblo, ya que llevaba más de quince años pasando las mañanas trabajando en el olivar y las tardes en el campo de fútbol. Él era el principal culpable de los éxitos del fútbol base. Había sabido organizar un club modesto y crear una escuela de fútbol que era la envidia y a la vez referencia de todos los clubs de la comarca. Su barba le otorgaba un aspecto serio, aunque los que le conocían de verdad, sabían que la realidad era muy diferente.


-Un portero joven. No es para jugar, el titular va a seguir siendo Alvaro, pero necesitamos tener alguien de garantías en el banquillo. Un central con experiencia, un carrilero zurdo y un delantero centro.



El Colorao les miraba desde su asiento mientras daba un trago a una cerveza helada. Su pelo rojo (de ahí su mote) estaba tan revuelto y encrespado como de costumbre. Una barba de cuatro días cubría parte de un rostro adornado en la ceja derecha por un aro de plata. Tenía 32 años, por lo que era más joven que algunos de sus jugadores, pero desde el primer día se había convertido en la mano derecha de Santi y ahora se encargaba de la preparación física.


-Tenemos cuatro nombres para el central y otros cuatro para el delantero, aunque me parece que Fuentes debería ser el central y arriba decidirnos entre el Maki y el Chino.


-El Chino debe ser la primera opción –Santi parecía tener las cosas muy claras- Es más joven y diferente del resto de delanteros que tenemos. Su movilidad nos proporcionará más recursos a la hora de atacar. Además, tiene menos caché y saldrá bastante más barato. El Maki sería bueno si no contásemos con Jorge, pero ya que ha rechazado buenas ofertas para seguir con nosotros, sería una tontería traer otro punta con las mismas características.


-Estoy de acuerdo –corroboró Paco- Y para la portería y la banda izquierda, yo repescaría a Dani y a Miguel. El año que han estado cedidos les ha hecho crecer mucho como jugadores y ganar experiencia. Dani ha sido el portero menos goleado de la categoría, y sigue con ganas de aprender. Miguel ha jugado casi tos los partidos rallando a un buen nivel tanto en ataque como en defensa. Incluso jugó muchos minutos de central.


A pesar de que no eran los mejores jugadores de la lista, ambos habían salido de la escuela del Mogón C.F. para jugar cedidos en el equipo que al final peleó con ellos para conseguir el ascenso. El pelijas sabía que no serían problema y estarían encantados de volver a ponerse la camiseta verde aceituna. Volver al equipo de su pueblo y jugar otra vez con sus amigos y ante sus vecinos era por lo que ambos habían estado trabajando durante la temporada que acababa de terminar.


-Tanto la afición como los compañeros estarán encantados. Además, será una inyección de moral para los chavales que suben del juvenil.


El Colorao, como sus dos compañeros, conocía a los chicos desde hacía años y siempre estaba dispuesto a dar oportunidades a gente de la casa. Sabía que los chicos que subían este año del juvenil no tendrían muchos minutos, y la presencia de Miguel y Dani, además de dar seguridad defensiva al equipo, otorgaría mayor protagonismo a esa cantera que era la base del proyecto.


-Vale, estamos de acuerdo en estos cuatro. El quinto es una apuesta personal mía y del presidente. David Serrano, un media punta con muchísima experiencia y calidad contrastada pero en la recta final de su carrera. Tendremos que saber motivarle, en las últimas campañas no ha estado muy afortunado, pero creo que puede ser importante para nosotros. De todas formas, su fichaje aún no está cerrado.


Pelijas recordaba a David como la joven promesa que fue, y todavía tenía en mente la imagen de su lesión. Sin embargo hacía tiempo que le había perdido la pista. Su curiculum contaba con números equipos importantes de 2ªb y 3ª, y eso no era bueno. Si no había conseguido cuajar en ningún equipo sería por algo, pero el presi se había empeñado en traerlo y él estaba seguro de que lo podría poner en forma para ayudar al resto de la plantilla.


-¿Qué juveniles nos vamos a quedar? Yo creo que Jota y Kaki son los mejores con diferencia.


-Desde luego son los más completos, pero no se si sería bueno quedárnoslos y que no jugasen. Citaremos a diez para que hagan la pretemporada con nosotros. Te pasaré la lista para que hables con ellos y a los que no nos quedemos les buscaremos salida como hemos hecho hasta ahora. Por Jota y Kaki se han interesado varios clubs en los que posiblemente dispondrán de muchos más minutos que con nosotros, pero si convencen en pretemporada, se quedarán aquí.


-Paco, si no te importa –apuntó Colorao- hablaré yo con ellos dos para explicarles su situación y procurar que vuelvan en Agosto con las ideas claras.


Así concluyeron la reunión, con la intención de cerrar los acuerdos con los jugadores elegidos lo antes posible para poder disfrutar de unas más que merecidas vacaciones.


martes, 19 de julio de 2016

PILOTO 2

Cruzó la calle con la cabeza baja. Todavía no había terminado el partido en el interior del estadio, pero la verdad es que el resultado no le importaba lo más mínimo; hacía demasiado tiempo que los resultados habían dejado de importarle. Torres le esperaba en un pequeño bar que hacía esquina junto a un parque infantil. Una pelota llegó rodando hasta sus pies. Un niño rubio, de unos cinco años, llegó corriendo y salió chutando en la otra dirección.

-¿Qué se dice? – le corrigió su padre.

-¡Muchas gracias, señor! – gritó el crio mientras golpeaba el balón con la pierna izquierda.

        
         Por un momento envidió a ese hombre que disfrutaba de la mañana del domingo jugando con su pequeño. Le recordó a su hijo Sergio. El habría cumplido cuatro años algún día del mes pasado, ¿o hace dos meses?, la verdad es que no lo recordaba bien. ¡No! Fue a principios de este mes, el 7 de Mayo. Sí, estaban jugando la recta final de la temporada, fue el 7 de Mayo.


         Entró en el bar sin saludar y se sentó en la mesa que ocupaba su agente. Estaba tomando una cerveza sin alcohol y junto a ella tenía un plato de aceitunas partidas. David pidió una mediana mientras reconocía un gesto de reproche en la cara de su amigo.


         - Deberías dejarlo -le dijo sin mirarle a la cara- Ya no por tu rendimiento, sino por tu salud.


        
         David cogió la cerveza y le dio un largo trago. Estaba muy fría, como más le gustaba, y su amargo paladar mejoraba notablemente el mal sabor de boca que le había quedado tras su excursión al lavabo del vestuario.


         -Es lo mejor para la resaca -contesto con una sonrisa forzada- Además, ya puedo disfrutar de mis vacaciones, ¿no?.

         - No voy a seguir contigo. No puedo seguir perdiendo tiempo en campos de regional cuando tengo representados en algunas de las mejores ligas del mundo. -Sus manos jugaban con la copa de cerveza y su mirada estaba fija en el dedo de espuma que la cubría- He hablado con 9 equipos entre 2ªb y 3ª y no ha habido forma de colocarte. Tengo un amigo que preside un pequeño equipo en el sur, cerca de mi pueblo. Es un recién ascendido a la 1ª andaluza, tiene el presupuesto más bajo de la categoría y la ficha no podrá ser muy alta.


         Se detuvo para echar un trago mientras seguía con la mirada fija en la copa, como si no se atreviese a mirar a la cara de su protegido. David apuró su botella y con un gesto a la barra pidió otra.


         - Te ofrecen vivienda y el sueldo justo para vivir, pero si quieres permitirte algún capricho, tendrás que sacarlo de otro sitio. Con la ficha que te pueden pagar (y créeme, ellos harán un gran esfuerzo económico para poder ofrecerte esa cantidad) sólo tendrás para comer si te administras bien y no haces tonterías, algo que por otro lado, me sorprendería bastante. Tendrás que buscarte algún trabajo adicional, pero si te decides, la misma directiva te ayudará a buscar algo compatible con los entrenos.


         La resignación se leía en la cara de su jugador, pero eso a él no le preocupaba. En estos momentos estaba mucho más preocupado por reprimir las lágrimas que por la opinión David. Para él se había convertido en uno más de sus hijos. Le dolía todo lo que había sufrido durante los últimos 10 años, pero sobretodo le dolía no haberle podido recuperar para el fútbol. Lo había intentado todo, los dos sabían que lo había intentado todo, pero David llevaba demasiado tiempo sin poner nada de su parte.


         - No te preocupes Pepe -le cogió de la mano y sonriendo le guiñó un ojo- Te comprendo perfectamente.-Cogió una aceituna y se la llevó a la boca: tal vez el cambio de aires le fuese bien.

         - En el pueblo comerás muchas de esas, y mucho mejor aliñadas- Torres parecía algo más relajado- Hay pocas aceitunas como las de Jaén.


         Continuaron hablando durante un buen rato. David le preguntó por la situación de algunos jugadores con los que había coincidido a lo largo de su carrera y Torres le fue informando de todos y cada uno de ellos. Al día siguiente tenía que coger un avión hacia Londres para el que iba a ser uno de los traspasos más sonados del verano. Además de este, tenía que cerrar negociaciones en Mallorca, Sevilla y posiblemente mandase un par de chavales que aquí no tendrían sitio a coger experiencia en la 1ª división griega.


         - No hay mucho nivel, pero los clubes pagan bien. Los chavales tendrán minutos y ganarán experiencia porque tanto los medios como el público meten bastante presión.



         David le miró sonriendo. Era un buen hombre. Trabajaba mucho para conseguir lo mejor para sus jugadores aún renunciando a veces a parte de su comisión para que sus representados lograsen sus pretensiones. La verdad es que tenía razón cuando decía que no podía seguir malgastando su tiempo en campos de 3ª o de regional, tenía asuntos más importantes y rentables que tratar en las grandes ciudades.


         - ¿Cuando tengo que contestar a tu amigo?


         Empezaba a entrar gente en el bar. El partido acababa de terminar y el equipo de David había remontado en la 2ª parte. Ningún aficionado le dijo nada, la mayoría ni le reconocieron.


         - Quiere cerrar la plantilla como mucho en 10 días. Es un club pequeño, de un pueblo pequeño y formado en su mayoría por gente de la casa. Tienen unas instalaciones bastante buenas para la categoría y una de las mejores escuelas de fútbol de la zona. El pueblo es muy bonito y la gente muy agradable. Creo que es una buena opción.


         -A tu vuelta de Londres te llamo.



         La verdad es que no era una buena opción, era la única. Se despidieron con el compromiso de hablar en 3 o 4 días, pero el jugador tenía las cosas cada vez más claras. Una última temporada para poder vivir de esto mientras intentaba buscar algo que le diese de comer el resto de su vida.



LA TIERRA DE LOS SUEÑOS

Me estresa la vida en la ciudad. Despertador, ducha, desayuno y a correr. Caravana, trabajo y a comer rápido y volver a la pelea….. un único momento de libertad: cuando llega la noche y comienzo el viaje. Ese instante en el que entre la consciencia y la inconsciencia comienzo a adentrarme en la tierra de los sueños.

Me zambullo en un mar de agua dulce y nado a toda velocidad convertido en un pequeño delfín. Paso entre los rosales verdes que nacen en el fondo y dejo atrás tiburones y miedos mientras que las sirenas que me acompañan lo alegran todo con su bello canto. Esquivo muros de coral multicolor y bosques de pinos antes de empezar a subir buscando la superficie. Rápido, más rápido, hasta salir saltando hacia el cielo azul y alejarme cada vez más del agua. Veo mis garras, y unas enormes alas doradas me elevan cada vez más hasta que comienzo a planear entre nubes de algodón de azúcar convertido en águila.
A mis  pies, una pequeña isla verde se dibuja y me precipito en picado a recorrer su contorno: una pequeña cala da paso a una larga playa de arena azulada que las olas besan con infinita dulzura. Árboles frutales separan la arena de un frondoso bosque y raseo el vuelo hasta que las piedras ganan terreno y la playa se vuelve un acantilado con el que las olas no son tan delicadas. La espuma me moja la cara. Respiro hondo y suspiro.

En la tierra de mis sueños hace tiempo vive una mujer. No sé si es alta o es baja, no sé si rubia o morena, la verdad, no sé quién es. Hay noches en las que llega en forma de loba, atenta y amenazante, con sus ojos verdes clavados en mi sedientos de sangre. Entonces me transformo en un enorme lobo de lomo plateado y corro detrás de ella ladera abajo y la alcanzo justo cuando llega al claro del bosque que hay junto al rio. Me muerde las orejas bajo el brillo de las estrellas y aullamos juntos a esa enorme luna azul que nos ilumina durante los quince últimos meses del año.

A ese claro llegó otra noche. Caminaba medio perdida con el pelo rojo cubriendo la mitad de su espalda. No habló. Se sentó junto a mí y me miró mientras cogía mi mano y la llevaba a su pecho. Noté como latía su corazón y como el mío se aceleraba hasta que llegaban a acompasarse formando un solo latido. El calor del sol, acompañado del canto de los sinsajos era lo único del mundo exterior que demostraba que había vida fuera de ese remanso de paz.
Me miró a los ojos y me besó. Un beso dulce. Nada más que un beso, o nada menos que un beso. Un escalofrío recorrió mi espalda, mi piel se erizó y me fijé en el rubor de sus mejillas. Le pasaba algo, le faltaba algo….


Una figura se acerca caminando por la playa. No es muy alta. Reconozco esa forma de caminar. Lleva un vestido veraniego, blanco, que le llega por debajo de la rodilla y hace resaltar todavía más el color moreno de su piel. La brisa marina revuelve su pelo negro del mismo modo que los dedos de sus pies descalzos remueven la arena mojada a cada paso que da. El sol del atardecer iluminaba el reguero de pasos que dejaba atrás. No gira la cabeza. Camina hacia delante sin dudas, alejándose de una extraña y densa niebla negra que se ha formado detrás suyo.
De repente surge un perro de la nada y comienza a retozar a su alrededor. Creo que es la primera vez que veo su sonrisa. El brillo del sol parece una triste vela titilando ante la luz que irradia ese rostro, esa sonrisa, esos ojos …
Se sienta a mi lado sin decir nada. Apoya la cabeza en mi hombro y yo paso mi brazo por encima de los suyos.
-Gracias – me susurra al oído.

Noto su boca junto a mi cuello y mi mano pasa de su hombro a su nuca. Clavo mis ojos en esos dos pozos verdes y me doy cuenta que todo lo que busco, se encuentra en ella. Nuestros labios se rozan sin llegar a besarse hasta que me tumbo de golpe arrastrándola sobre mí.

-¡Estás loco! –ríe- Esto es una locura…

Nos amamos mientras el sol acaba de esconderse y las lunas comienzan a aparecer en el momento en que, exhaustos, nuestros cuerpos dejan de moverse y nuestras bocas de comerse a besos. Noto como su respiración acelerada se va serenando sobre mi pecho, cada vez menos entrecortada, cada vez más relajada, hasta que termina por desaparecer.


Abro los ojos. La luz se filtra por las fisuras de la persiana que tapa la ventana de mi habitación. Estoy solo, en una cama enorme y con una extraña sensación que no sabría definir.

-          ¡Por lo menos es sábado!


Me incorporo y decido que aprovecharé el día. Saldré a pasear, a disfrutar de lo que la vida me ofrece y con un poco de suerte, tal vez me cruce con ella un breve instante y compruebe que esa mirada existe. Quizás esos ojos, no son sólo un sueño…

viernes, 15 de julio de 2016

PILOTO

         El agua caía sobre su cuerpo mientras intentaba recuperarse de esfuerzo que le habían supuesto los tristes cuarenta y cinco minutos que había jugado. Lo de jugar era una forma de decirlo: ese día, como la mayoría de los domingos de esa temporada, se había limitado a arrastrarse por el terreno de juego sin aportar nada bueno al equipo. Su pasado de joven promesa se había ido transformando en un presente lamentable en el que sólo su currículum y un buen representante le habían permitido vivir del fútbol hasta la fecha.

         Mientras se secaba, respiró profundamente y el olor a linimento le abrió los bronquios. Hacía tiempo que ese olor le acompañaba, pero se temía que eso tocaba a su fin. No le renovarían el contrato, y a sus 33 años y teniendo en cuenta su desastrosa campaña, difícilmente le encontrarían equipo para la temporada siguiente.


         En el mismo momento que un sorbo de agua refrescó su boca, el estómago le recordó que la noche anterior había sido dura. Era habitual encontrarlo en los bares de copas de la ciudad prácticamente todos los días de la semana. Al principio se cuidaba y las vísperas de los partidos se quedaba en casa o salía a cenar y volvía temprano. Los malos resultados y las malas compañías le arrastraron, poco después, a frecuentar lugares en los que el alcohol y el juego le acompañaban hasta que los primeros rayos del sol entraban por las ventanas. Tuvo que salir corriendo para llegar a tiempo de vomitar en el cuarto de baño. La garganta le ardía y los latidos que golpeaban sus sienes eran cada vez más fuertes y frecuentes.


         - No vas a cambiar en tu puta vida


         Escuchó la voz de Torres, su agente, que entraba al vestuario para darle la misma charlita de cada partido. Torres era un hombre de unos 50 años que representaba a un amplio abanico de jugadores, la mayoría de ellos profesionales, y que velaba por los intereses de David desde hacía más de 15 años. Había estado a su lado en todos los malos momentos, desde aquella fatídica tarde en Santander en la que su rodilla saltó en mil pedazos, hasta verlo como hoy, vomitando whisky barato en un campo de tercera. Aquel hombrecillo andaluz estuvo a su lado cuando debutó en primera, cuando su mala cabeza le alejó de su mujer y de su hijo y cuando aquel accidente le separó de sus padres para siempre. Sin embargo, ni siquiera Torres sabía bien porque seguía atado a aquel hombre que año tras año se empeñaba en destrozar más y más lo que hace tiempo se vislumbraba como una prometedora carrera. Se había convertido en su jefe, su padre y en lo más parecido a un amigo que tenía.


         - No podemos seguir así. Vístete, te espero fuera.

        
         David levantó la cabeza. Algo en la voz de Torres le decía que el discurso de hoy iba a ser diferente. Notaba gotas de frío sudor resbalar por su espalda, un sudor que brotaba de un cuerpo que emanaba calor por todos los poros de su piel.


         - Dame dos minutos -dijo poniendose en pie- Ya estoy mejor, salgo enseguida.



         Volvió a entrar en la ducha para recuperarse del mal momento que acababa de pasar. El agua fría parecía volver a traerle a la realidad y aprovechó para enjuagarse la boca un par de veces antes de secarse. Se enfundó su tejanos y el polo del equipo que llevaban a las concentraciones, y salió del campo encendiendo un cigarro con su viejo mechero de gasolina.